Desigualdad de género Materia: Etica1
La socialización en función del sexo
provoca la desigualdad de género. Esta socialización se produce incluso antes
del nacimiento: desde el momento en el que en el embarazo se identifica si el
bebé será un niño o una niña se inicia un largo proceso de socialización cuyo
resultado es la diferenciación de las personas como hombres o mujeres.
A partir de la perspectiva de género
es posible comprender que la aplicación del sistema sexo-género en el proceso
de socialización construye a nivel social un conjunto de creencias en las que a
cada género se le asignan unos comportamientos determinados.
La diferencia entre sexo y género
A los roles de cada género se les
otorga distinta importancia según una jerarquía de valores, posicionando a las
mujeres en inferioridad. Así surgen los estereotipos que contribuyen al
mantenimiento de las desigualdades entre hombres y mujeres.
El concepto “sexo” hace referencia
exclusivamente a las características físicas que diferencian biológicamente a
las personas como hombres y mujeres. Sin embargo, el concepto “género” es una
construcción social basada en la asignación de diferentes roles en función del
sexo.
Esto quiere decir que el género se
emplea para describir aquellas características socialmente construidas de forma
diferencial para mujeres y hombres. Las diferencias sociales que encontramos en
la sociedad actual entre hombres y mujeres son el resultado del aprendizaje del
sistema sexo–género.
El sistema sexo-género: una teoría
sobre la desigualdad
El sistema sexo-género es un modelo
teórico que explica cómo se produce la socialización de género. Esta teoría
identifica lo natural con lo socialmente construido y establece que el sexo en
sí mismo no es la causa de la desigualdad entre mujeres y hombres, sino su
posición de género socialmente construida.
Este sistema produce un conjunto de
normas sociales aprendidas e interiorizadas que vertebran las conductas de
ambos sexos y condicionan la percepción e interpretación de la realidad social.
En consecuencia generan una socialización diferencial.
Las desigualdades biológicas se
traducen en desigualdades sociales, políticas y económicas entre mujeres y
hombres que generan sexismo, siendo las mujeres las más desfavorecidas en este
proceso.
Desde el nacimiento las personas
aprenden las conductas, actitudes, roles y actividades que corresponden a las
características determinadas por la pertenencia a uno u otro sexo,
desarrollando así la identidad de género y los roles de género.
Los roles de género y la construcción
de la identidad
La identidad de género es la
adscripción a uno u otro sexo, es decir, la identificación como hombre o mujer.
A partir de esta identificación de género se desencadena el desarrollo de un
proceso de diferenciación específico en el que se aprenden los roles de género.
Los roles de género implican asumir
como propias las representaciones sociales sobre la masculinidad y feminidad a
través de los diversos agentes de socialización: la familia, el sistema
educativo, los medios de comunicación, la cultura, la comunidad, las
instituciones, etc.
Esta socialización se mantiene
durante toda la vida. A través de las interacciones con otras personas se
aprenden e interiorizan los valores, las actitudes, las expectativas y los
comportamientos propios de cada sociedad con el fin de desenvolverse en la
misma.
La socialización diferencial entre
mujeres y hombres
La teoría de la socialización
diferencial de Walker y Barton (1983) explica cómo las personas, en su proceso
de iniciación de la vida social y cultural y a partir de la influencia de los
agentes socializadores, adquieren identidades diferenciales de género que
conllevan actitudes, conductas, códigos morales y normas estereotipadas de la
conducta asignada a cada género.
La clave del proceso de socialización
diferencial es la congruencia entre los mensajes emitidos por todos los agentes
de socialización. Ésta facilita la asunción y la internalización por cada
individuo hasta el punto de considerar que se trata de algo propio, de su
personalidad, produciendo que piense y se comporte en concordancia. Así los
niños y niñas asumirán desde la infancia los roles tradicionales masculino y
femenino como propios.
Los roles masculinos: trabajo y
ambición
La socialización de los niños en el
rol tradicional masculino se centra en producir y progresar en el ámbito
público. Se espera de ellos que obtengan éxitos en este ámbito ya que se les
prepara y educa para que su autoestima y su gratificación provengan del ámbito
público.
A los hombres se les reprime en la
esfera afectiva potenciando libertades, talento y ambiciones diversas que
faciliten la autopromoción. Reciben bastante estímulo y poca protección, lo que
los orienta hacia la acción, lo exterior, lo macrosocial y la independencia. A
los hombres se les inculca el valor del trabajo como una obligación prioritaria
y definitoria de su condición.
Los roles femeninos: familia y hogar
En el caso de las niñas el proceso de
socialización en el rol tradicional femenino se centra en su preparación para
la reproducción y su permanencia en el ámbito privado. Se espera de ellas que
sus éxitos provengan de este ámbito, que conformará tanto su fuente de
gratificación como de su autoestima.
De modo opuesto a los hombres, se
reprimen sus libertades, talentos y ambiciones que faciliten la autopromoción,
fomentando la esfera afectiva. Reciben poco estímulo y bastante protección, lo
que las orienta hacia la intimidad, lo interior, lo microsocial, la dependencia
y el valor del trabajo no se les inculca como una obligación prioritaria ni
definitoria de su condición.
Todos estos valores y normas son
denominados mandatos de género, es decir, aquellas normas sociales implícitas
que no reflejan lo que son los hombres y las mujeres sino cómo deben o deberían
ser y lo que se espera de cada uno de ellos.
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Los agentes socializadores: cómo se
refuerzan los roles de género
El proceso de socialización
diferencial en función del género se produce a través de diferentes refuerzos y
modelos. El refuerzo diferencial se produce cuando hombres y mujeres son
premiados o castigados por distintos comportamientos, intereses o expresión de
emociones.
Gran parte de este aprendizaje se
produce en los primeros años de vida a través del modelado, es decir, del
aprendizaje a través de la observación de las conductas de otras personas y las
consecuencias que dicha conducta tenga para el modelo.
Esta influencia normativa e
informativa se produce a través de los agentes de socialización. Los
principales agentes socializadores son:
1. La familia
Los primeros modelos que el niño/a va
a tener son los miembros de su familia y poseen un importante papel en la
primera etapa de la vida como transmisores de conductas, valores, etc., a
través del modelado y el aprendizaje por vía emocional. Diversos estudios
indican que el papel más importante de la familia radica en la regulación de
actividades tipificadas en función del sexo.
2. El sistema educativo
El sistema educativo es la estructura
social que mejor refleja las creencias y valores dominantes. Su influencia en
el mantenimiento de las diferencias se produce a través del currículo oculto y
los procesos de interacción social que se producen en el sistema educativo.
Existen cuatro aspectos de la
socialización diferencial que contribuyen al currículo oculto: la distribución
de hombres y mujeres en el sistema educativo, que actúa como modelo de roles
para los estudiantes; el material educativo y los libros de texto, que tienden
a reproducir los estereotipos de género; la organización y las prácticas
escolares, que reproducen las elecciones de actividades tradicionales de
género; y las expectativas y actitudes del profesorado, que afectan a las
expectativas que los alumnos tienen de sí mismos.
Respecto a los procesos de
interacción social, también se han observado diferencias de interacción en el
aula, diferencias de atención por parte de los profesores, en la distribución
de espacios de juego, etc.
3. Los medios de comunicación
Es la influencia informativa que a
través de una regulación selectiva presenta unos modelos culturales
estereotipados basados en ideales de hombres y mujeres que no se corresponden
con la realidad. Influyen en la percepción que tenemos tanto de los hombres y
mujeres en general como de nosotros mismos.
Para lograr la eliminación de las
desigualdades basadas en el género es necesario comprender que el origen de la
desigualdad se basa en la socialización diferencial y que dicha socialización
es un proceso que se autojustifica; es decir, produce que hombres y mujeres se
comporten de forma diferente y desarrollen su actividad en ámbitos distintos.
La socialización diferencial
contribuye a confirmar la creencia de que los sexos son diferentes y a
justificar la necesidad de seguir perpetuando las diferencias socialmente
construidas.
Puesto que la clave para continuar
manteniendo este proceso diferencial es la congruencia entre los mensajes de
que emiten los agentes de socialización, sería útil emplearlos como una vía
para el cambio y promover a través de los mismos mensajes congruentes que
eliminen las desigualdades basadas en el género.
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